jueves, 26 de marzo de 2009

Ambrosía y Escisión -Parte 1- Capítulo 2 -

Esteban Clutter

-¡Necesito un hacha!- exclamé, esperando a que alguien la trajese y así poder entrar por la fuerza a las ruinas que acabábamos de descubrir.
-Es increíble que no hayan encontrado este lugar antes- comentó Chris mientras quitaba las piedras del camino para hacer la entrada más accesible-. Un castillo de más de tres mil años enterrado bajo este montón de tierra y nadie se había percatado de ello.
-La ceguedad humana es indescriptible- me burlé, marcando la malicia deseada en la delgadez de mis partidos labios. Una vez con el hacha en manos, inicié el destrozo de la gran puerta de madera roída por los años.
-¡Tú, tú y tú vengan conmigo!
Y así entró el grupo de cinco, Chris a la cabeza, seguido por los otros cuatro, y, al último, con la vista ajustándose a aquellas sombras, iba yo, despacio, mientras sentía que algo, o alguien, me llamaba.
Guiados por la única luz confiable de las linternas, los otros avanzaron lentamente, examinando los pasillos perfectamente conservados a pesar de que la apariencia exterior de la edificación decía tener una antigüedad bastante considerable. Yo, por mi parte, me detuve al encontrarme con una gárgola a medio destruir, la observé detenidamente y por un breve instante pasó por mi mente la idea de que ya había estado ahí.
Un súbito ruido me sacó de mi ensimismamiento y giré la cabeza para ver tres cuerpos inertes frente a mí, en un gran charco de sangre, las linternas alumbrando un lugar sumamente inseguro.
-¡¿Todo bien?!- se oyó una voz proveniente de la entrada improvisada.
No di respuesta alguna, el frío recorría mi cuerpo. Apagué las linternas caídas, la mía incluida; escuché un leve mugido y corrí hacia su proveniencia, topándome con una figura famélica colgada del cuello de mi compañero Chris. Cuando mis ojos se hubieron adaptado a la oscuridad, me percaté de la sangre que resbalaba por la piel de mi compañero y de los rojos ojos que me observaban con sorpresa.
Ella, sin apartarse de su presa ni dejar de succionar la esencia de vida de ésta, me miraba como a una figura extraña y amenazante, al mismo tiempo que mostraba que me conocía. Después de un par de segundos, hubo terminado y se separó del ya cadáver, dejándolo caer rudamente.
-Hola Esteban- saludó con cordialidad la vampiresa mientras se lamía la sangre de alrededor de sus blancos labios. Yo permanecía congelado, sentía un fuerte deseo de correr hacia ella y estrecharla como a alguien querido, y sin embargo, al mismo tiempo, observaba el cuerpo inerte de mi colega-. ¿No me recuerdas?- inquirió ella mientras se acercaba- Soy Kyra.
Estas últimas palabras fueron susurradas con un toque de soborno bochornoso en mi oído, y yo, al escucharlas, me sobresalté y por reflejo me separé de ella, mientras mis pupilas se reducían por el estremecimiento. Ahora tenía la seguridad de que mi primera impresión había sido la correcta.
-¿K-Kyra?
Ella sonrió para sí, empezó entonces a quitarse la piel que seguramente antes se había colocado y dejó al descubierto su completamente blanca piel, sus grandes sombras bajo los rojos ojos, su largo y sedoso cabello añil y sus largas uñas negras de cinco centímetros de largo.
-¿Ahora luzco familiar?- cuestionó mientras sus frías manos entraban por mi camisa y tocaban mi empapada y erizada piel, rasguñándola, haciendo que el terror creciera dentro de mí.
-¿Qué haces aquí?- pregunté una vez que me logré recuperar, tratando de sonar tranquilo.
-¿Qué hago aquí?- se burló la vampiresa- Sobrevivo.
-Eso no te da derecho de matar a mis hombres.
-¿No? ¿Te parece? Déjame informarte de algo: un humano, al invadir la morada de un vampiro, debe atenerse a las consecuencias, lo cual implica morir desangrado por nuestros colmillos.
-¿Jefe? ¿Podemos entrar?- la voz procedente del exterior parecía algo impaciente.
-Déjalos pasar- ordenó Kyra-, para poder disfrutar del dulce sabor de su alma en mi garganta.
-No soy cómplice tuyo- me negué con decisión; no obstante, esta decisión era más bien utópica a mis verdaderos pensamientos en ese instante.
-Hazlo y te perdonaré la vida… una vez más.
Dudé por un momento, miré a la cadavérica figura de hermosos ojos, me di media vuelta y desaparecí en la luz del día.
¿Qué estaba haciendo? Esto era exactamente lo que ella deseaba, confundirme lo suficiente para proporcionarle un gran festín a base de mis hombres. Qué frustración sentí al percatarme que no era, y que nunca sería, lo suficientemente invulnerable a su dulce ponzoña, nunca podría resistirme a su sádico encanto. A veces deseaba no haberla conocido nunca, no haber encendido la luz, no haber hablado.
Ya estaba afuera y el resto del grupo de exploración me miraba de forma extraña, como si yo fuera un bicho extraño. Seguramente mi cara de espanto los había asustado. ¿Qué se suponía que hiciera? Quizás era demasiado egoísta, quizás con tal de salvar mi pellejo era capaz de entregar aquella carne humana en bandeja de plata al monstruo que se hallaba dentro de las tinieblas de la cueva.
-Hubo un derrumbe- les dije con pasividad, tratando de sonar lo más convincente posible, lo cual no era tan difícil de lograr gracias al shock de haber visto muertos a mis colegas-. Han muerto. Cuando se pase la nube de polvo iremos a echar un vistazo.
Al poco rato empezaron a entrar, uno por uno, hasta que los cuarenta restantes permanecieron dentro de las grietas, sin saber el sangriento destino que los deparaba.
Insistí entonces, en quedarme donde las sombras no me tragaran en desconcierto, donde los rayos del sol llegaran lo suficiente para no ser víctima del terror que causaba la presencia de la vampiresa. En menos de cinco segundos los gritos agonizantes comenzaron a emerger, a resonar en mis tímpanos, como pequeñas apuñaladas de culpa.
Repentinamente sentí un haz de viento a mi lado y apenas pude ver cómo alguien había logrado escapar. Pese a, no podía permitir eso, no después de haberme convertido en su herramienta para conseguirle comida. No, ahora no podía retractarme. Lo logré pescar de un extremo de la camisa y lo jalé hacia mí.
-Hay… u-un mons-truo allá d-dentro- gimió el hombre.
Descifré la expresión en él: pánico. Resistí los tirones del desesperado hombre, tratando de escapar, de correr a cualquier lugar lejos de ese monstruo en las sombras.
-Lo sé… y lo siento…
Y dicha la disculpa para no sentirme tan criminal, lo empujé dentro de la cueva, luché con él para mantenerlo dentro. Cuando vi los ojos rojos de Kyra acercándose, decidí soltarlo; ella lo tomó de las piernas y lo jaló hacia dentro, mientras yo me quedaba contemplando la horrorizada faz del pobre hombre a quien había conducido a la muerte segura.

2 comentarios:

  1. Thaniaa!!! T_T mi amiga, te amo y te extraño... espero q estés bien. Leí lo que sale en tu dA... de verdad q me quedé en shock!
    tmbn leí q no puedes ni vernos o algo así...
    x dios, thania, te extraño y no sabes cuanto. Hace mucho quiero verte... o hablarte u.u

    te extraño y no me canso de decirlo, ahora yo toy trsite xq se me borró TODO del computador... sólo me quedaron 500 imágenes de TH, ni eso 481!!...

    me muero X_X

    oh.. mi amor, te extraño, eri lo mejor y te dejaría comentarios en tu dA. pero me he hecho dos deciants pero no cancho ni wea XDXd
    ajajja


    weno.. te exraño, cdte mxo
    te deseo la mejor de las suertes y creo q hubiese sido bueno q no te hubieses ido ..
    se te extraña. Aioooz

    Atte. Kmi VK --> Trinii

    ah, tmbn teng un blog de th...

    www.tokiohotelnotice.blogspot.com

    aioooz

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